Steven Spielberg en la dirección. Los hermanos Coen (junto a Matt Charman) como guionistas. Tom Hanks delante de la cámara. Con esos contundentes mimbres se presenta la película “Puente de espías”, basada en una historia real en medio de la Guerra Fría.

Es 1957, hace apenas una década que terminó la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos y la Unión Soviética (U.R.S.S.) están inmersos en otro conflicto bélico que –como dice la película- no involucra soldados con armas sino información: la Guerra Fría.

Una información que recolectan los respectivos países con un arma llamada espías.

Ese es el contexto de “Puente de espías”, la nueva película de Steven Spielberg (ausente desde “Lincoln” en 2012) y que ya en las primeras escenas nos muestra la detención por parte de EE.UU. de un (presunto) espía soviético: Rudolf Abel (Mark Rylance).

Puente de espías, Rylance espía

Para dar apariencia de un juicio justo, le encomiendan su defensa a James Donovan (Tom Hanks), un abogado de seguros que se toma más en serio su defensa de lo que lo hace su compañía o el propio juez.

¿Y dónde está lo especial? Pues lo especial comienza con esos buenos mimbres y continúa con el sobrio pero expresivo (estilo Tommy Lee Jones) Mark Rylance: un gran actor de teatro que lo es ya también del cine desde esta película.

Por la que se desenvuelve con movimientos lentos, como si le pesaran los años y la vida que lleva; con cierta apatía, mentalidad práctica y realista, actitud de conforme (que no es lo mismo que conformista, como aclararía el escritor español Javier Marías: “Lo segundo es lamentable. Lo primero suele ser admirable, y consiste principalmente en saber encajar sin quejarse en exceso, y en saber perder cuando se merece o es lo que toca”).

O, como refleja un diálogo de la película entre el abogado, que teme que condenen incluso a muerte al espía, y este:

-Donovan: “¿No estás preocupado?”

-Abel: “¿Serviría de algo?”

Puente de espías, juicio

Apático pues, pero con quien empatizas, a quien nunca llegas a considerar un enemigo, una amenaza, un antagonista. Porque con su mirada cansada y su expresión serena hace que te encariñes de él. E incluso te emociona con su anécdota del “Standing man” (hombre de pie), contada con la mayor sencillez.

‘Bridge of Spies’ by DreamWorks Studios.

Una sencillez que también se encuentra en el personaje de Tom Hanks: un abogado de seguros con la honradez, la profesionalidad y la humanidad como otras virtudes, adornadas con un poco de humor. Como se encarga de repetir, él solo quiere hacer su trabajo y volver a casa.

Puente de espías, Tom Hanks

Pero en realidad hace algo más, como se ve en la peli y cuentan los créditos del final.

Aunque todo ello le cueste críticas y miradas, ataques en su casa, la incomprensión de su mujer y sus hijos… un poco –bastante- como el Gregory Peck de “Matar a un ruiseñor”.

El guión es bueno (si acaso con el “pero” de ciertas repeticiones cansinas), la película está bien hecha, el espectador se entretiene durante más de dos horas, ningún miembro del reparto chirría… Pero los verdaderos “Standing man” que sostienen la peli en pie y a prueba de golpes son Tom Hanks y un enorme pero sobrio Mark Rylance. ¿Huele a Oscar?

Puente de espías, Hanks y Rylance se dan la mano

 

Y aquí va el tráiler, para abrir un poco más el apetito…

 

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