Las guerras, además de sangrientos y crueles episodios, dejan un sin fin de historias por contar

que van más allá de balazos, muertes, conquistas y derrotas. Al verse involucradas miles de

personas –directa o indirectamente- las circunstancias derivadas del desacuerdo político, religioso,

económico o lo que desees poner, son material digno para llevar a la pantalla grande.

En Promesa de vida (The Water Diviner), un juramento hecho gracias al amor (y un poco de culpa)

llevan a Joshua (Russell Crowe), un campesino australiano, a emprender un viaje en búsqueda de

sus tres hijos muertos en el conflicto bélico llevado en Turquía entre el extinto Imperio Otomano y

la Gran Bretaña.

Sin nada que perder ni nadie que lo acompañe, el campesino maltratado por el destino comienza

un viaje cuatro años después de que supo algo de sus hijos por última vez. La Primera Guerra

Mundial se llevó la vida de más de 70,000 soldados en Galípoli, una isla turca que vio un violento

enfrentamiento.

La línea del tiempo de la cinta es secuencial con flashbacks que ayudan a comprender el presente.

Este recurso no es para nada novedoso pero es bien aprovechado por el director y protagonista

Crowe, quien también hace uso de la diferencia de culturas para intentar cautivar al público que

lentamente perderá la atención de la ambiciosa película.

El detalle de que la historia esté basada en un hecho real, añade intriga y asombro a lo que

observamos en pantalla, sumado a una cuidada fotografía y una edición que acompaña en todo

momento las secuencias dramáticas, de acción y románticas.

En el terreno de las actuaciones, Crowe no entrega nada que no hallamos visto anteriormente

mientras que Olga Kurylenko mantiene un perfil bastante bajo en una película que, si prescinde de

sus servicios, nadie lo habría notado.

Uno de los factores a destacar es el uso de la fotografía y música típica. El viaje al medio oriente

turco se vuelve más fácil gracias a los encuadres que, aunque están en un lugar común, mantienen

atracción y belleza.

Una realidad es que la fórmula: hijos perdidos + esposa muerta + cultura diferente + guerra, es una

combinación que podría ser exitosa pero lamentablemente Crowe pierde los pies con una película

ambiciosa que se transforma lentamente en una odisea de amor que derrama cursilería.

La ambiciosa película pretende entrar en la élite de cintas que cuentan ‘la otra historia’ de la

guerra, pero falla en su intento de entrar al selecto grupo. Lamentablemente, después de 30

buenos minutos iniciales, el drama bélico se torna en una sencilla llamada a la ‘cursilería’ que se

enfrasca en una absurda historia de amor.

Russell Crowe tenía en sus manos una interesante historia con el importante factor de ser un

‘hecho real’ y la terminó por convertir en un drama romántico con pies pero poca cabeza.

Podremos ver esta película a partir del jueves 21 de mayo.

 

Violencia, contenido sexual y lenguaje vulgar ***

La violencia explicita para mostrar la crueldad de la guerra se vuelve una frecuente que podría

disminuir pero que ayuda a mantener un ambiente tenso.

 

Dirección ***

Russell Crowe tiene en sus manos una interesante historia por contar pero termina dejandose

llevar por el camino fácil: el amor.

 

Actuaciones ***

Absolutamente nada que valga la pena recordar. Los mejores años del veterano gladiador

quedaron atrás y todas sus interpretaciones saben a lo mismo.

Con muchos altibajos. Mantiene la tensión durante los primeros 40 minutos, pero al concluir la

primera hora tiene que hacer uso de un vertiginoso giro para prolongar la historia.

 

Fotografía ****

El mejor aspecto de la película. Gracias a ella logramos transportarnos a Australia, Turquía, a la

Primera ‘Gran Guerra’ y más lugares lejanos.

 

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