Hace unos días, mientras merodeaba en la web para encontrar algo que ver y así satisfacer mi hambre cinematográfica, me encontré con la película Vicio propio: una película que ya antes había llamado mi atención debido al corte humorístico que presentaba el avance. Pero en fin, no me había dispuesto a verla hasta ahora.

Vicio propio se ambienta en una ciudad de Los Ángeles, por ahí de 1970, y tiene como protagonista a un curioso detective llamado Larry “Doc” Sportello, quien va por la vida de la mano de la ‘mosh’ (marihuana para los intelectuales).

 

 

La historia empieza con este hombre en medio de un mega trip y, de pronto, se le aparece una persona a la que no quisiera volverse a topar -si fuera tu caso dudo mucho que reaccionaras igual que el protagonista-. Esta misteriosa persona es ¡su ex! [eeeex,eeeex,eeeeex... así con eco desesperado] y ella es quien le da arrancón a la peli cuando le pide a Larry que resuelva un caso.

 

 

Larry acepta y de ahí la película empieza a presentar diferentes situaciones con diferentes personajes que se convertirán en clave del caso a resolver o… simplemente estarán ahí porque sí.

Esta peli no es como cualquier otro filme de detectives que te has encontrado por ahí lleno de acción, efectos especiales, balas, sangre, esteroides y más típicas cosas del estilo. Me atrevería a decir (porque al menos yo al verla sentí eso) que tú vas resolviendo el caso junto con Larry, especialmente en la parte de los personajes, que creo son los más curiosos y raros que he visto en un filme, más de este género.

 

¿Por qué sí tienes que verla?

Recomiendo bastante esta peli, en especial si eres un hipster que disfruta de películas no tan comerciales. La película es rara, así que -sin spoilear- NO esperes un desarrollo y un final lógicos. Pero bueno, creo que esa es la total intención, que veas algo completamente INUSUAL pero bastante divertido.

 

 

La dirección y el guión corren a cargo de Paul Thomas Anderson, quien para los conocedores podría ser garantía y para los que no, probablemente querrán ver más de este autor. La fotografía, que en este caso queda a la perfección, es de Robert Elswit, y lo que yo considero como un plus es la música, así que presta muuucha atención.

 

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