Yo tengo un amigo que dice que como humanos somos completamente incapaces de distinguir la diferencia entre un compacto, un MP3 a 320 y un disco de vinilo, yo la verdad lo dudo y juro que sí puedo oír algo “más gordito” en los discos que tengo en una edición buena, pero también tengo que admitir que tengo varios que suenan fatal y que fueron un gasto innecesariamente caro.

Hace poco hablábamos sobre los distintos formatos de audio, sus pros y sus contras, sin llegar a ser un nazi del audio sí les puedo decir algo: nada me pone más triste que ver a mi cuñada escuchando música en las bocinitas de su celular, lo único que me da más para abajo es verla a ella y su primita (andarán rondando los 14 las dos) oír playlists de Youtube porque ésto sí se puede distinguir que suena mal sin necesidad de hacerse el cool o el audiófilo que le sabe machín al audio, broder.

Claro, son niñas, no tienen poder adquisitivo y todavía no tienen sus gustos formados o bien definidos, pero también es real que lo que queda de la industria discográfica ya no acostumbra entregar un producto que esté tan bien cuidado y que por lo mismo valga la pena escucharlo en un buen estéreo, más bien prefieren que suene “pinche, pero parejo” y por esto me refiero al mayor volumen que les permita un compresor choncho para que sobresalga su track en la radio comercial, un lugar plagado de música a volúmenes insospechados.

Hace poco discutía con un par de audiófilos en Tuiter acerca de las ventajas y desventajas del Pono, esta especie de iPod que te permite escuchar WAVs y FLACs de manera portátil, y uno de ellos me decía que “nadie que tenga entre 15 y 20 años el día de hoy, ha escuchado un bombo como se debe.” La verdad es triste, pero brutalmente cierto y creo que nosotros, los que andamos rondando los 30 pasaditos, también adoptamos en automático y a lo güey una costumbre de los dichosos (y francamente mensones) Millennials. Digo a lo güey porque qué necesidad.

Claro, hay buen contenido en Youtube, por ejemplo, a mucha gente le da por subir discos enteros de ambient o sets mezclados y los suben con calidad decente, pero la calidad más decente de Youtube nunca competirá con la de un disco compacto y mucho menos con la de un vinilo. Creo que estamos muy mal acostumbrados a tener todo, todo el tiempo, en chinga y de ser posible en la nube sin que nos importe realmente si esto es buena o mala idea.

Porque, la neta, qué tanto espacio ocupan un Discman, un Walkman, un cassette, una caja con 4 compactos, vamos, hasta los vinilos (si no eres dj purista de esos que se llevan una caja entera de ellos a sus gigs) son relativamente prácticos si consideras que estás escuchando una orquesta entera cada que se te pegue la gana y en donde quieras. El hecho real es que nos hemos vuelto huevones y hemos sacrificado calidad por practicidad, una practicidad relativa que deberíamos revisar a conciencia y más bien dejársela a esta generación que, curiosamente, está regresando a los vinilos en una búsqueda de distinguirse de sus compañeritos que tienen todo en MP3 chafas.

 
Yo me resisto, no me gusta que Spotify quiera cobrarme para no escuchar la música en desorden, no me gusta que le metan anuncios a mi música como si fuera televisión y soy de los que escucha discos enteros de un sentón. También reviso qué disco quiero en qué formato y busco las ediciones originales que más me convenzan, siempre tomando decisiones informadas al respecto tomando como base la información que encuentro en lugares como Discogs. Así que tú, querido lector, piensa bien si no te estás haciendo el Millennial a lo burro y hazte un paro, escucha las cosas bien y verás lo mágico que puede ser el audio bien reproducido, es como ver Batman de Nolan en IMAX a diferencia de verlo en el iPad.

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