Una señora mayor aparece sentada sobre un escenario cosiendo o tejiendo algo, mientras que su hija se encuentra de pie, tendiendo unos fragmentos de papiro para que se sequen. ¿Quién en su sano juicio y en pleno siglo XXI se pondría a crear papiro?

Más adelante aparece una pareja en su nuevo depa repleto de roomies, decidiendo si lo suyo tiene futuro; un padre y un hijo discutiendo, y luego ese mismo hijo coqueteando con la que quiere que sea su novia; un alumno castigado por la maestra pero con quien empieza a conectar…

Una hermana amante de la ciencia y otra que ha decidido entregar su vida a Dios en un convento de clausura, y que se mantienen unidas comiendo galletas, tomando rompope y trayéndose el pique constantemente: su forma de mostrar aprecio mutuo y sin condiciones; una pareja que ya no se quiere ni se comprende, en la que ella pide que la deje de ver tanto como a una dama para tratarla en la alcoba como una “no-dama” y en la que él, el pobre… no entiende nada.

Pero que de repente resulta ser un rockero al que le falta una oreja, lo que no evita que otra chica quede prendida de él porque le da un toque a Van Gogh que lo vuelve un tanto posimpresionista y mmmmh… claro que él quiere que ella sea su Yoko Ono para que eso lo convierta a él en John Lennon y pueda seguir en solitario su carrera…

Estas y más historias circulan ante los ojos del espectador durante unas dos horas, en las cuales tan solo cinco personas han aparecido en el escenario, desdoblándose de forma camaleónica para representar distintas personalidades, diferentes edades, otros sexos.

Sin más ayuda para interpretar que sus cuerpos, sin otro mobiliario que un par de sillas, sin más guion que el que sus mentes improvisan sobre la marcha ante tus ojos. Y tú también debes participar, aceptando ese “pacto de ficción” y lanzando palabras (“papiro”, “escroto”) a los actores para que las utilicen como punto de partida.

Porque en realidad, quienes asistieron anoche al Foro Shakespeare a disfrutar con este sorprendente teatro de improvisación llamado Lapsus Colectivo no vieron ningún depa, ni papiro colgando, ni ausencias de orejas, ni dos agujas que cosen… Aquí lo único que se tejen son historias, y las únicas herramientas que se utilizan son las palabras y la imaginación.

 

Lapsus Colectivo ayer fueron sobre el escenario: Arely Domínguez, Rodrigo Crespo, Coppelia Yáñez, Claudia Godoy y Carlos Pineda.

 

 

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