Es una obra perfecta para la cosa electoral, no es que vaya a cambiar nuestra opinión, pero al meno sabremos qué es lo que tienen nuestros propios políticos en la cabeza. El escenario es minimalista, no hay nada sólo un caballo de madera que ya ni siquiera se mese.

 

A lo largo de la obra hay imágenes anunciando los capítulos con una breve descripción del lugar.  Catesby interpretado excelentemente por Juan Velázquez, es el asistente de Ricardo, María Aura, ambos maquillados como si estuvieran en la corte bufonesca de un rey medieval. Comienzan los diálogos, un laberíntico discurso, un monólogo absurdo, atroz y voraz.

 

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Ricardo es un hombre enfermo, físicamente y de poder. Ricardo, nuestro Ricardo es cualquier político latinoamericano o del mundo, es un empresario “un pequeño sacristán, un falso amante de la poesía”. Es el reflejo y despojo de nuestra sociedad que también está enferma y decadente.

 

Todos amamos a Ricardo, no sin antes odiarlo hasta la muerte. Así va columpiándose esta obra entre la demencia y la coherencia, entre la ideología y la pasión, la repugnancia y la gloria. Aquí vamos a vernos en el escenario, reflejados en todo, porque al final de cuentas también somos hombres, “ni del todo buenos, ni del todo malos”.

 

Es cruda y explícita, y todo lo vemos a través de diálogos. El lenguaje del cuerpo de los actores es  bufonesco, ridículo en ideal contraste con lo que se habla.  Es una de esas obras que hay que agendar. Sólo le quedan 3 funciones más así que hay que hacer espacio para no perdérsela.

 

El año de Ricardo

Foro Shakespeare, Zamora 7. Condesa.

Jueves 8:30 pm.

 

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