“¡Bienvenido seas, verano!”, gritamos mientras abrimos nuestros brazos en señal de libertad para agradecer que al fin terminaron las clases, que solamente falta hacer uno que otro examen final y, lo más importante de todo, que tendremos chance de ir a broncear nuestros pálidos cuerpos a donde sea que nos inviten. Esto evidentemente implica un buen chapuzón para refrescarnos, pero ¿realmente están seguros de qué es en lo que están nadando?

 

 

Cuando tenía menos edad me encantaban las albercas y todas esas cosas, pero de unos años para acá mi neurosis me impidió meterme con toda confianza por una simple y sencilla razón: la cantidad de personas que orinan “aprovechando” que están en el agua. Muchas personas dicen que no pasa nada, pero el Healthy Swimming Program de Estados Unidos ha dado a conocer el signo que delatará la calidad del agua de una piscina: los ojos rojos.

 

 

¿Sus ojos parecen los de un conejito cuando salen del agua? ¡Sorpresa, están nadando en pipí! Si siguen echándole la culpa al cloro que se vierte en el agua para tratarla no están tan errados, resulta que esta sustancia reacciona con ciertos componentes de la orina creando un químico que lastima los ojos y en grandes cantidades puede convertirse en gases venenosos que dañan los pulmones, el corazón y el sistema nervioso.

 

 

Si cuando salen de la alberca dicen que huelen a cloro, ERROR… ese olor se produce de la reacción antes mencionada a lo que debemos sumar el sudor y la mugre natural del cuerpo… no todos son tan limpios como quisiéramos.

Sabemos que van a pensar que estoy enferma si les digo que no naden en albercas públicas, en las de la casa de Cocoyoc de su amigo equis o que no visiten balnearios, lo que sí deben hacer religiosamente es enjuagarse bien (y desde luego bañarse) en cuanto salgan de la alberca.

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