No está padre decirlo pero ni modo. Siempre llega un momento en la vida en el que nos toca cuidar a un amigo o familiar cuando está internado en el hospital. Y afrontémoslo, en muchas ocasiones esto resulta una experiencia fuera de serie y cero agradable pero se tiene que sacar la casta y ni modo.

Por supuesto no es lo mismo pasar la noche en un hospital público que en uno privado, y no es lo mismo urgencias o terapia intensiva que los cuartos normales en los que hasta un catre te pueden habilitar. Pero bueno, para todos a los que nos ha tocado cumplir con esta heroica misión, aquí te presento los detalles cero agradables de ser un “cuidador de paciente internado”.

1. Tener que ayudar al enfermo a poner o quitar el famoso “cómodo” o “pato” en el caso de los hombres. Es más, en algunos casos hay una tasa de baño que colocan a lado de la cama porque el enfermo no puede ir hasta el baño. Ése es uno de esos incómodos momentos en que no sabes cómo escaparte.

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2. Si te toca estar presente en la visita del doctor, es muy probable que también te enteres de cosas relacionadas con los fluidos y demás datos que no tendrías porqué saberlo ¡de nadie! Y espera, todo es aún peor si va con su séquito de estudiantes, más penoso para tu pobre paciente :S

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3. Pasar la noche no está padre, de entrada por más que tengan sillones comfortables, toda la noche están entrando las enfermeras, los aparatos todo el tiempo están sonando, y sobretodo, si tu paciente necesita algo, no logras pegar el ojo. Esto ocasiona que a la mañana siguiente, tu seas una total piltrafa.

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4. Irremediablemente te acabas enterando y tal vez hasta preocupando por los pacientes de a lado.

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5. Las batas de enfermo son horribles, así que requieres estar cuidando que el trasero de tu paciente no se vuelva famoso en todo el piso.

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