“No quiero hablar de enfermedades porque da mala suerte, pero yo mismo he sobrevivido dos veces a una enfermedad grave. Y creo que esa es la prueba científica de que la mala hierba nunca muere”.

Finalmente el cáncer de pulmón, que padecía desde 2007 y que le tuvo la última semana ingresado en un sanatorio de Montevideo, pudo con Eduardo Galeano y le acabó llevando la contraria a este escritor uruguayo de 74 años, autor de “Las venas abiertas de América Latina”: no era tan “mala hierba”, parece ser.

Hoy también, otro hospital (esta vez en Lübeck, norte de Alemania) vio fallecer con 87 años al igualmente escritor Günter Grass, premio Nobel de Literatura y figura envuelta en polémica por su pasado, escritos y declaraciones en torno a la Alemania nazi e Israel.

Así, el mundo literario perdió hoy a dos escritores muy diferentes, asociados a la Alemania nazi (Grass fue reclutado por las Waffen SS, fuerza militar en el ‘Reich’ de Hitler) y a la izquierda crítica (señalado como antiimperialista, Galeano dijo abiertamente apoyar la ideología de izquierdas y mostraba su compromiso social).

“No escribo para mí, escribo para comunicarme con otros, para llegar a otros que van a ser mis amigos, aunque aún no los conozca todavía”, declaró el escritor uruguayo a La Nación. Y posiblemente muchos se hayan llegado a sentir casi amigos de Galeano al encontrarse con sus frases, leer sus obras, recitar sus poemas o escuchar las declaraciones de este escritor.

Foto: stepienybarno.es

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También periodista, fue un admirador del buen futbol (“¿En qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”); defensor de valores como la Justicia, la igualdad y la libertad; crítico con las fronteras a las personas y al pensamiento; denunciante de las conquistas y colonizaciones; analista de la política y de la situación de América Latina; amante de las letras e impulsor de los sueños y la utopía.

Justicia, libertad, policía comprada, los ‘locos’ que se niegan a olvidar a los desaparecidos, las desigualdades sociales y económicas, el deseo de que “los perdidos serán encontrados”… ¿les suena de algo?

Foto: Grupo Joly

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De eso escribía y hablaba Galeano; de eso, y de la vida y la literatura, a los que asociaba unidos: son ejemplos de ello sus frases “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero yo estoy seguro de que también estamos hechos de historias” y “El arte de narrar nació del miedo de morir. Está en ‘Las mil y una noches’. Cada noche, Sherezade iba cambiando un cuento por un nuevo día de vida”.

Al final Galeano -como Günter Grass-, sin la perfección ni la mortalidad como “el aburrido privilegio de los dioses”, se quedó sin días de vida y, por tanto, sin historias; o quizá viceversa. Pero nos quedan sus obras, y esas sí son inmortales. Aprovéchenlas.

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