Sabía que iba a pasar, mi nota anterior para El Salvavidas fue acerca de lo que NO hace la música y hablé sobre como los beats binaurales son inexistentes (no dan resultado, pues,) pero además cometí el horrible pecado de insinuar que los chakras… No. Existen.

Se lo compartí a un par de amigos que son igual de haters de las terapias alternativas que yo y, en menos de lo que canta un gallo, le pusieron de comment a mi amiga en su Facebook: “le falta fundamentación.” “Ah, caray” -pensé yo- “creía que el que necesita fundamentos es el que cree en los chakras,” porque la última vez que chequé, el que tenía la ciencia detrás es el que no cree en la medicina alternativa, o sea yo y mis amigos y, no sé, los científicos.

Hay una broma muy chistosa al respecto: “¿Cómo se llama la medicina alternativa que sí funciona? Medicina.” El tema es que sí es un tanto peligroso andar por el mundo dándole nuestro dinero (y tiempo) a personas que nos pueden curar prácticamente de cualquier cosa con: jugo de noni, uña de gato, reiki, acupuntura, quiropráctica, flores de Bach y homeopatía y, no me malentiendan, hay mucha herbolaria que sí funciona, por ejemplo, la hierba de San Juan está probada para combatir la depresión, pero también interfiere con los anticonceptivos, así que vas a estar más deprimida que  nunca por estar deprimida y, encima de todo, embarazadísima.

El hecho real es que, para que una medicina se diga que funciona, tiene que dar resultados positivos por encima de los que dan placebos en grupos de prueba controlados. A esto se le conoce como el método científico y ha servido para desenmascarar a cualquier cantidad de charlatanes que hacen aseveraciones como que “los huesos están desacomodados y la salud de la espalda se ve reflejada en todo el cuerpo.” No, una cosa es la espalda y otra cosa es el cuerpo y, ya que estamos en esas, si de verdad tuvieras los huesos desacomodados te desmayarías del dolor… Eso que truena cuando te “acomodan” la espalda son burbujas de ácido láctico y, oh, sorpresa, se siente súper rico cuando truenan, pero regresan al día siguiente.

Así que, no, la quiropráctica no cura el asma, la acupuntura sólo sirve para dolor en la espalda baja y ciertos tipos de nausea, la sustancia activa detrás de la homeopatía es inexistente (está tan diluida que la han comparado con disolver una gota de agua en un lago) y el yoga claro que te ayuda, pero principalmente porque es un ejercicio que te ayuda a estar más elástico y con una mayor cantidad de dopamina. Yo, por lo mismo, trato de no hacerme bolas y recomiendo dos lecturas al respecto:

Trick or Treatment de Simon Singh

La historia de Singh es bien padre porque fue demandado por la Asociación de Quiroprácticos del Reino Unido por “difamarlos” y él pagó de su bolsillo, pero ganó una contrademanda. Singh cuenta que se animó a perder casi todos sus ahorros porque, de ganar la demanda ellos, perdería su título universitario (es matemático y escribe sobre ciencias.)

En su libro revisa a fondo quiropráctica, homeopatía y acupuntura, además de otras 37 terapias complementarias y/o alternativas. Otro dato curioso es que su co-autor, Edzar Ernst, era acupunturista y lo dejó gracias a los resultados de sus investigaciones, pero además fue quien ayudó a diseñar el placebo para hacer pruebas científicas con acupuntura porque, si han tomado una sesión, sabrán que es muy difícil fingir que le insertas una aguja a alguien.

Ya no les contaré cómo lograron solventar este problema, ni cómo les fue a todas las terapias que fueron revisadas a fondo, la verdad es que algunas sí sirven, sólo que sus practicantes tienden a exagerar (la demanda por parte de los quiroprácticos era porque Singh aseguró que la quiropráctica no podía curar los cólicos en niños, ni las infecciones de oído en los menores de edad, por ponerles un ejemplo.)

The Skeptic’s Dictionary de Robert Todd Carroll

Desde el año de 2003, Todd Carroll está a cargo de la página Skepdic.com en la cual se dedica a hacer ensayos científicos acerca de todo tipo de temas a los que los gringos llaman “quackery.” Desde los fantasmas, hasta las vibras, pasando por todo tipo de pseudociencia y terapias alternativas que son, ya sea refutados, o por lo menos puestos en perspectiva real. Porque, sí, algo se ve en la fotografía Kirlian, pero muy posiblemente no sea tu aura. Hay una versión impresa de este diccionario y la más barata está disponible en Kindle.

Ahora bien, que por qué escribo del tema en vez de dejar que cada quien vaya por su lado, pues porque han regresado enfermedades por esas señoras gringas (entre ellas Jenny McCarthy) quienes le achacan el autismo a las vacunas (siendo que es una condición pre-natal, chavos) y, principalmente, porque yo mismo alguna vez fui más de un año con una quiropráctica que me estaba “acomodando la espalda” y me gasté lo del enganche de un coche cuando bien podría sólo hacer lo que ahora hago para que no me duela: ejercicios de espalda y subir una pierna en un taburete, peldaño de silla o escalera cuando estoy mucho tiempo parado. La bici también me ayuda cabrón y ¿saben qué? Es gratis.

Al tiro con las terapias alternativas. Un cierto grado de jipismo y de creer en el poder de la mente están bien, siempre y cuando las cosas serias se las dejemos a un doctor de confianza (que, es cierto, también hay mucho charlatán alópata.) Tal vez mi mejor consejo sea que encuentren las cosas en las que creen por ustedes mismos, tratando de no mentirse al respecto y, sobre todo, de no creerle a ciegas a nadie sin tener por lo menos otra opinión.

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